martes, 9 de marzo de 2010

Mujeres... para reflexionar

Mujeres estamos reunidas hoy para motivar un gran cambio. Cambio en nuestras propias vidas y cambio para la humanidad.

Levantemos nuestro corazón. Abrir nuestras mentes y nuestras almas, porque depende de nosotras de cómo será la próxima década.

Ya no hay tiempo para vacilaciones, para dudas, para reproches, es el momento de la verdad, del amor.

Saquemos nuestra fortaleza que la conozca el mundo. Basta de silencio, recuperemos nuestro poder, el poder que nos dio la Madre Tierra cuando nos bendijo con la gran energía femenina.

Luchemos por los valores, por la verdad, por la libertad.

Durante muchos siglos, nos sentimos victimizadas; sin embargo en estos momentos el alma debe tener el valor de reconstruirse a si misma.

“Me visualizo a mi misma curando y mejorando cada día mas en todo sentido. Fortaleciendo nuestro sentido de quienes somos, que sabemos y que podemos hacer”.

Cuanto más profundizamos en nosotros mismos mas nos conoceremos.

Tenemos la esencia del amor en nuestro ser, fuimos creadas para amar. Es momento de hacerlo.
No queramos comportarnos ni imitar a los hombres, ellos tienen su propia grandeza y ellos sabrán como usarla.

Encarguémonos nosotras de nosotras mismas, de nuestros propios dones, si seguimos imitando una esencia que no nos corresponde perderemos la nuestra y el equilibrio desaparecerá.

Con la misma fuerza con la que amamos a nuestros hijos y a nuestros hombres, con esa misma fuerza debemos unirnos y recuperar nuestra fuerza femenina.

Los próximos años serán la cosecha de lo que sembremos ahora, es por eso que es tan importante tomar conciencia de nuestros dones y ponerlos a trabajar.

Trabajemos por sanar nuestras heridas y así poder saber como sanar las heridas de los demás.
Empecemos por nosotras mismas porque no se puede dar lo que no se tiene.

Y usemos nuestro poder, pero no para controlar a nuestros maridos ni a nuestros hijos, sino para el bien de todos, para vivir en armonía y para que el día que marchemos, tengamos la tranquilidad en nuestras almas que hicimos lo correcto y que dejamos el mundo, mejor de lo que lo encontramos.